UN MARGEN PARA LA PALABRA

25 marzo 2021

Siempre lo cuento porque en realidad fue el verdadero detonante de todo esto: de entre todas las cosas que escuché tras el asesinato de Mauricio, hubo una que quedó resonando en mí con una fuerza insoslayable: su hijo menor, con tan solo siete años, le echaba la culpa al cine: a mi papá lo mataron por hacer cine.

A día de hoy, poco o nada ha avanzado la justicia en arrojar alguna luz sobre los porqués del asesinato de Mauricio Lezama. ¿Lo mataron por hacer cine? ¿Por querer contar la historia de Mayo Villarreal, sobreviviente al genocidio de la UP?... Lo mataron mientras lo hacía, esa es quizás la única certeza que tenemos… Mientras con la ilusión de toda primera vez recorría los municipios de Arauca buscando actores para el cortometraje que llevaría por nombre el del mismo mes en que lo acribillaron desde una moto: Mayo… Y todavía hoy, dos años después, lo absurdo de una violencia a la que nos hemos acostumbrado con una inmovilidad casi que cómplice, resuena en los oídos de toda la industria del cine nacional.

El cine en territorio, las personas que lo hacen, que lo enseñan, que lo sueñan, que lo difunden… no están sólo bajo la invisibilidad que cobija al cine de toda periferia… Los Mauricio Lezama de Colombia y el mundo están, además, desprotegidos, abandonados a su suerte, olvidados, en muchas ocasiones menospreciados… mirados, en otras, con una sonrisa a modo de palmadita en la espalda: qué bueno, qué bien, qué bacano… ese es el camino: compartir las herramientas, narrar la propia historia, empoderarse, visibilizar problemas y procesos… ¿Qué tanto nos importa realmente desde el centro? ¿Qué tanto estamos dispuestos a escuchar?

Notas en el margen pretende ser un espacio abierto desde el margen, o que mira hacia el margen… Un margen para la palabra y la reflexión, un pedacito escrito del universo Vivir Filmando, un sueño iluso quizás: que entendamos que aunque hablemos de cine, son muchos los cines posibles, o los cines que deberían ser posibles sin que Vivir Filmando tenga si quiera la posibilidad de convertirse en Morir Filmando. Pocos lo han dicho mejor que Gonzalo Arango: ¿no habrá manera de que Colombia, en vez de matar a sus hijos, los haga dignos de vivir?

Mónica Moya

Jaén, España, 1973

Directora de Vivir Filmando. Desde su llegada a Colombia en 1997, ha estado vinculada al mundo del periodismo, la cultura y el cine en Colombia. Directora de documentales como Putas o Peluqueras (2011) o Tripido (Premio Coral en La Habana, 2015), la actual Directora de Comunicaciones del FICCI, ha enfocado su trabajo documental hacia el campo de la denuncia, los derechos humanos y lo social, y su pasión como guionista de ficción y escritora hacia la distopía y el thriller.